domingo, 19 de agosto de 2012
Como aprovechar el tiempo, y no morir en el intento
Bitácora de viaje – Barcelona, 19/8/12, 11:11 PM (6:11 PM en Uruguay)
Definición de una mañana perdida: viajar de Madrid a Barcelona a las 11:45 AM. Tener que estar dos horas antes para hacer los trámites correspondientes y aguantarte piola el tiempo muerto (en mi caso aproveché el rato para leer discursos de la conferencia general, para estar a tono con el espíritu de este día). Luego viajar por una hora y estar otra hora más retirando el equipaje (media hora caminando hacia la zona de retiro de equipaje y otra media hora esperando que colocaran las valijas en la cinta). Finalmente, media hora más para llegar del aeropuerto al hostal e instalarnos. ¿Contaron las horas? Luego de instalarnos, fui a comprar agua y a comer. Terminé almorzando a las 3:30 PM
Pero ¡no se crean que me estoy quejando! Simplemente es para darles una idea de otras cosas que también forma parte de un viaje de esta naturaleza.
Y hablando de cosas que forman parte de un viaje de esta naturaleza, permítanme contarles mi recién acabado primer encuentro con la ducha del baño de mi nueva habitación. La ducha tiene un monocomando con un disco que gira como las agujas del reloj para el agua caliente y a contrarreloj para el agua fría. Además, es a presión, lo que significa que, para que salga el agua, hay que colocar el disco en la posición de temperatura que queramos y luego presionarlo. Hasta ahí bastante peculiar el mecanismo, pero normal. El problema comienza cuando, luego de unos poquitos minutos, deja de salir agua y hay que presionarlo de nuevo. Dosificación, le llaman. Se imaginarán que para una ducha de más de unos pocos minutos, es bastante molesto tener que presionar varias veces el mecanismo. Ahora, el que sea más avivado o avivada podrá descubrir que presionando varias veces el mecanismo se asegura que el agua salga por más minutos que presionando sólo una vez . ¿Terminaron de reírse? Porque eso no es todo. En medio de mi ducha, cuando finalmente había logrado de dominar el mecanismo para hacer salir el agua, ¡se me apaga la luz del baño! ¿Por qué? Porque el baño no tiene un interruptor, si no que un sensor se activa y enciende la luz cuando la puerta se abre. Por suerte para mi, tenía a dos compañeras de habitación a quienes les pegué el grito (literalmente) y me abrieron la puerta. Nos matamos de risa, no sólo ellas con mis avatares con la ducha, si no yo misma cuando, a pesar que le di todas las explicaciones al salir, las escuchaba a través de la puerta, sufriendo al tratar de adaptarse a la ella.
Pero además de estas dos anécdotas, y a pesar de la mañana y media tarde perdida, todavía tengo algo para contarles sobre un lugar que fui a visitar. Se llama Parque Güell, queda a unas cuantas cuadras de donde me hospedo, y por lo tanto tuve que tomar un metro que en 10 minutos me dejó en una zona cercana al parque. A partir de ahí me convertí en alpinista, porque resulta que al Parque Güell se llega luego de subir aproximadamente unas seis cuadras de empinadas escaleras. Pero no se preocupen, porque previendo lo que esas empinadas escaleras podían hacer al corazón y al ánimo de cualquiera que quisiera visitarlo, instalaron escaleras mecánicas…Si, en plena calle tiene escaleras mecánicas, lo cual no quita el hecho que hay un segmento de aproximadamente una cuadra que no tiene dichas escaleras mecánicas, y hay que hacerlas a tracción hombre, y bien empinada que es la subida.
Pero eso no acaba ahí, porque al llegar al parque, que se compone de unas 17 hectáreas, uno tiene que seguir subiendo y bajando a fin de ver lo que allí se encuentra.
Porque el parque es más que una zona verde en un lugar alto. El parque rodea una impresionante y colorida obra de Antonio Gaudí, un arquitecto muy apreciado en Barcelona, siendo muchas de sus obras parte del circuito turístico de la ciudad. ¿Qué se puede encontrar de este señor allí? Formas onduladas, columnas con aspecto de árboles, figuras de animales y formas geométricas, la mayoría de ellas decoradas con mosaicos realizados con trocitos de cerámica de colores. Quizás esto no pueda resultarles llamativo, pero, les aseguro, es hasta que lo ven y se dan cuenta del esfuerzo que realizó este hombre para hacer un lugar tan bello.
Como dije, caminé, subí, caminé y bajé muchas veces en las tres horas que estuve allí, hasta llegar al punto máximo de su obra. Porque Gaudí aprovechó el desnivel de 60 metros de la montaña para crear un camino de elevación espiritual, en cuya cima planeaba construir una capilla, pero que finalmente fue sustituida por el Monumento al Calvario, situado en la parte más alta del parque que consta nada más y nada menos de tres cruces que representan a aquellas cruces en las que Jesús y los dos ladrones fueron levantados. Mientras hacíamos ese recorrido final, luego de haber caminado bastante, le contaba a Ana, una de las chicas con quien comparto la habitación, lo símbólico del esfuerzo de la subida que habíamos hecho, porque el Gólgota, el lugar donde Cristo fue crucificado, también era un monte y también se había hecho un duro trayecto para llegar a él. Pero basta de contarles, porque las fotos muestran más de lo que yo puedo describirles, así que les invito a verlas próximamente.
Hasta entonces, me despido…

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