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martes, 11 de setiembre de 2012

AMSTERDAM APESTA...

Bitácora de viaje – Bruselas, 11/9/12, 9 PM (4 PM en Uruguay) En una hora y media juega Uruguay, ¡y quiero ver ese partido! Así que intentaré terminar a tiempo esta bitácora y buscar vía internet el match deportivo. Les tengo que contar de Amsterdam…Y voy con lo malo primero: Amsterdam APESTA…a porro…Y no sólo en los alrededores de los coffee shops, único lugar, en teoría, donde se puede fumar marihuana, si no que caminando por zonas lejanas a los mismos, la gente está fumando…Es más, en el hostal, que está expresamente prohibido, entramos una noche al edificio donde teníamos nuestra habitación y el lobby apestaba…Sospechamos de unas viejas que andaban justo en la vuelta…Nuestra teoría es que despilfarran su jubilación viajando a Amsterdam para formar parte de la porromanía…Repito: Amsterdam APESTA…Y si alguna vez consideré la posibilidad de mudarme a esa ciudad, ya fue descartada. Ahora hablemos del clima: desde Viena hemos tenido un estado del tiempo bastante inestable. Básicamente nublado y fresco. En Praga subió un poco la temperatura respecto a Viena, y tuvimos suerte que no lloviera. Y algo de sol se dejó ver. En Berlín el pronóstico amenazaba con lluvias, pero por suerte no llovió mientras estuvimos allí, pero de nuevo nublado con algunas apariciones del sol y fresco tirando a frío. Si, ya sé lo que están pensando: “¿por qué Gabriela nos está aburriendo con esta narración del clima?”. Y aquí está la respuesta: porque llegamos a Amsterdam, ciudad que estadísticamente pasa nublada 200 de los 365 días que tiene el año y que a esta altura vive una temperatura aproximada a los 15º y ¿qué nos encontramos? Tres días divinos, despejados y calurosos…Y hoy, al dejar al hostal para venirnos a Bruselas, se largó a llover. Como nos dijo la guía que nos trajo al hostal: ¡tuvimos mucha suerte! Ahora sí, lo importante: las cosas de las que disfruté en Amsterdam. El primer día llegamos bastante tarde, luego de un viaje de 5 horas en tren, y cuando estábamos planificando ir al único museo que cerraba tarde, nos tentaron con la cena gratuita que provee el hostal y la quedamos. Aun así, después de la cena Florencia y yo salimos a caminar hacia el centro histórico en lo que era una noche muy agradable. Al siguiente día alquilé una bicicleta y salí hacia la capilla, la que no pude encontrar, así que volví y con el resto del grupo fuimos a hacer el tour gratuito de Sandeman. No saben lo que me reí con el guía que nos tocó…¡Un verdadero payaso! En un momento determinado del tour nos contó la historia del gran milagro católico acaecido en Amsterdam muchos siglos atrás y lo hizo con tanta habilidad que en vez de un tour parecía que estábamos viendo teatro callejero. Al final del tour quedamos cerca de la Casa de Ana Frank y, como vimos que había poca cola, no quisimos perder la oportunidad y hacia allá nos dirigimos. No estoy segura de si todos conocen a Ana Frank, así que lo explico brevemente: Ana Frank fue una adolescente judía en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando la Alemania nazista invadió Holanda, ella y su familia, y cuatro personas más, se escondieron en una casa que se encontraba en el mismo edificio donde su padre tenía una empresa, y con la ayuda de cuatro de sus empleados, que por cierto no eran judíos, vivieron dos años escondidos hasta que alguien los delató y fueron llevados a los campos de concentración y exterminio donde todos morirían excepto el padre, Otto Frank. Cuando el padre volvió a Amsterdam, luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, Miep Gies, una de las empleadas que los había ayudado durante ese tiempo, le entregó los diarios y demás papeles de su hija que había logrado rescatar de la redada que había hecho la Gestapo. Luego de leerlo y meditar al respecto, Otto Frank finalmente decidió publicar un compendio de los escritos de su hija y a ese libro se lo conoce como “El Diario de Ana Frank”. Yo leí ese libro cuando era adolescente. De hecho, fue el primer libro que me compré. Y visitar el lugar donde todo sucedió fue una experiencia especial. Me gustó mucho la forma sencilla, pero que realmente te toca el corazón, en la que se ha distribuido la exposición, con extractos del propio diario de Ana Frank y audiovisuales con testimonios de personas relacionadas con ella. Estar ahí me hizo tomar conciencia de algo que no había prestado atención antes, al leer el libro: ¿cómo hicieron ocho personas para vivir dos años completamente encerrados, sin poder salir, y obligados a mantener silencio absoluto durante las horas en que la empresa funcionaba? ¡Yo paso una semana encerrada y araño las paredes! Y lo otro en lo que reflexioné mucho fue en Otto Frank: ¡cuánto valor se necesita para volver a vivir cuando se ha pasado tan mal y se ha perdido tanto! La verdad, una persona admirable. Demás está decir que vuelvo a Montevideo con la intención de releer “El Diario de Ana Frank”, algo que no he hecho en, por lo menos, 10 años. Abro mi clásico paréntesis cinematográfico: tanto en Berlín, con el Museo del Holocausto, como en Amsterdam, con la Casa de Ana Frank, ha venido a mi mente la película “Freedom Writers”, con Hillary Swank. Está basada en hechos reales, y los que la han visto ya sabrán porque vino a mi mente. Y a los que no la han visto, se las recomiendo porque es ¡EXCELENTE! Luego de esta visita, volví al hostal a cenar y luego salí en la bicicleta de nuevo hacia la zona donde debía estar la capilla. Tampoco la pude encontrar. Alrededor de las 9:30 PM, con 7 horas de caminata y 3 horas de bicicleta, me acosté para no levantarme hasta el día siguiente. Dormí unas 11 horas. Así de agotada estaba. Y, para colmo, me dolía todo al día siguiente, especialmente el traste (¡¡no saben lo incómoda que era la silla de esa bicicleta!!) así que me tomé un perifar flex con el desayuno. Perifar flex mediante, me dispuse a salir ayer a hacer tres museos que me interesaban: el Museo Van Gogh; el Museo de la Resistencia Holandesa; y la Casa de Rembrandt. En el Museo de Van Gogh se exponen unas 200 de sus pinturas, aunque no las dos que más me gustan (Noche estrellada/Starry Starry Night y Girasoles/Sunflowers) y aunque no soy gran aficionada al arte, me resultó muy interesante escuchar la audioguía sobre la vida de Van Gogh, incluyendo extractos de la abundante correspondencia que mantuvo con su hermano Theo). En el Museo de la Resistencia Holandesa estuve tres horas, así de interesante estaba, y con la audioguía aprendí un montón de cosas al respecto. Pero no pude terminar como corresponde la visita porque la hora de cerrar llegó y justo cuando había llegado al final de la Segunda Guerra Mundial me desalojaron :-S En fin, tendré que leer algún libro para conocer el final de la historia. Y como la Casa de Rembrandt cerraba a la misma hora que el Museo de la Resistencia, me quedé con ganas de conocer un poco más de este otro gran artista. Y con esto, cierro el capítulo de Amsterdam…