Disfrutamos de la buena vida cuando dejamos de aspirar a
otra mejor. Vivir bien consiste en gozar de lo que es, más que en ansiar lo que
podría ser. El prurito de poseer cosas (tan eficazmente inyectado en los seres
humanos por quienes las fabrican y venden) es como un virus que devora el
contento del alma. El hombre nunca gana lo suficiente; la mujer jamás está tan
bella como podría; la ropa nunca es bastante nueva; la casa siempre está mal
amueblada; la comida jamás es lo suficientemente suculenta.
Llega el momento en que la salvación estriba en saber bajar de la
interminable escalera mecánica, diciendo: “!Basta! Tengo lo suficiente. Y como
aprovecharlo depende exclusivamente de mi” – Lo dijo Marya Mannes en 1974

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