domingo, 2 de setiembre de 2012

VIENA CLASICA

Bitácora de viaje - Tren de Viena a Praga, 2/9/12, 10 AM (5 AM en Uruguay) Tenemos 5 horas de viaje así que aprovecho para contarles sobre Viena. Cuando llegamos desde Venecia en el tren, el paisaje que presentaba las afueras de Viena me remitía a dos películas/telefilms: La Novicia Rebelde (Sound of Music) y Heidi. Una pradera verde, verde, verde que, si éramos sagaces, permitía adivinar que en Viena llueve mucho. Abro un paréntesis para contar una anécdota sobre La Novicia Rebelde (Sound of Music), relacionado con esto. La mitad de esa película fue filmada en Salzburgo (un lugar al cual hubiera ido con gusto de haber tenido un día más en Austria), y el rodaje se vio muy retrasado justamente por las lluvias, porque el paisaje era hermoso, pero la lluvia contribuía y mucho a la escenografía. Y efectivamente, al igual que sucedió con el rodaje de esa película, Austria nos recibió con lluvia, nos convidó con lluvia los dos días que estuvimos y ahora, justo cuando nos vamos, decidió no derramar ninguna lágrima porque le decíamos adiós. Aun así, el cielo sigue encapotado. Pero eso no es todo, porque a la lluvia hubo que sumarle una bajada de temperatura bastante extrema en comparación con Venecia, de donde veníamos de vivir días soleados con 40 º C. Eso obligó a todos a abrigarse para enfrentar una temperatura de 15 ºC. Aparte del clima, también nos enfrentamos a un mundo lingûisticamente diferente. Mientras en Italia aun nos lográbamos hacer entender entre el español, el inglés y el chapuceo en italiano, acá las opciones se limitaban al alemán y, con suerte, al inglés. Digo con suerte porque la mayoría de la gente a quienes hicimos preguntas para ir a tal o cual lado no hablaban inglés. A veces por señas nos hacíamos entender, pero luego nos daban indicaciones en alemán y estábamos en la misma, porque no entendíamos nada. Yo opté, cuando quería ir a algún lugar, en señalarles, en mis apuntes de los lugares que quería visitar o el mapa que nos habían dado en el hostal, la dirección del lugar. Esa estrategia funcionó bastante bien. Y hablando del mapa: Viena es grande, muy grande y los nombres de las calles suelen terminar de forma similar, lo que hace un poco difícil retener en la memoria cual es el nombre exacto de aquellas por las cuales uno va abriéndose camino. Y si a eso le suman que en el mapa abrevian las calles, podrán imaginarse cuan complicado se hacía a veces ubicarse. A pesar de ello, ayer a partir del mediodía logré domesticar al mapa y hasta llegué a tomarme un metro guiándome con el mismo. Dos curiosidades sobre Viena: la primera, existen unas especies de carritos, como los de Uruguay, donde venden "hot dogs". Sólo que el "hot dog" es un tanto diferente. Olvídense del clásico pancho/frankfurter en un pan de viena. De hecho, aquí en Viena no vi ningún pan...de viena. El "hot dog" de ellos consiste en una salchicha, muy parecida en su forma a un chorizo, metida en media flauta condimentada con mostaza y kétchup. Muy rica por cierto. La segunda curiosidad tiene que ver con los horarios de los comercios y museos: TODO cierra temprano. Por ejemplo, el primer día, Florencia y yo cenamos en un lugar cuya estética imitaba a McDonalds, aunque la comida era más rica (comimos unas milanesas de pollo al pan con cebolla, tomate y lechuga que, además de muy ricas, se parecían mucho a las que se pueden comer en Uruguay). Fuimos las últimas en comer en ese lugar: eran las 10 de la noche y ya estaban cerrando. Otro ejemplo, había una especie de shopping center a unas cuadras del hostal. Ayer como las 20 hrs fui a buscar el té que Janet me pidió que le comprara. Excepto por la plaza de comidas, estaba todo cerrado. Los sábados cierran más temprano: a las 18 hrs. El resto de la semana a las 19 hrs. Los museos están hasta las 18 hrs. Bueno, ahora que les hice toda la previa, les cuento de mi itinerario en estos dos días. Recuerden que mi recorrido fue siempre bajo lluvia, una lluvia finita que sin embargo, igual que en Uruguay, molestaba y que a veces se convertía en chaparroncito. El primer día, el chek-in en el hostal se hizo bastante tarde, lo que sólo nos permitió, luego de cambiarnos y abrigarnos, visitar Hofsburg, la residencia de los Habsburgo por alrededor de 600 años. Un poco de historia: los Habsburgos gobernaron media Europa durante la época del Sacro Imperio Románico Germánico, allá por el siglo XVI, cuando su dominio incluía, además de la propia Austria, lo que hoy es Hungría, España y algunos territorios de Italia. Con el devenir de la historia, el Imperio comenzó a desmoronarse, hasta que el dominio de los Habsburgos se limitó a los territorios de la actual Austria y Hungría, cuando estas aun conformaban un solo estado (posteriormente Hungría obtendría su autonomía, aunque seguiría perteneciendo al Imperio Austríaco.) Y, finalmente, la muerte en Sarajevo de un miembro de esta familia real, que condujo a severos conflictos diplomáticos, encendió la chispa que dio comienzo a la Primera Guerra Mundial. En conclusión, los Habsburgos tuvieron un papel clave en la historia europea, y en las relaciones internacionales en general durante siglos. Pero quizás les suene más Austria si les mencionó a su última monarca: la Emperatriz Sissi, casada con el Emperador Francisco José, quien, tras morir en forma trágica en un atentado perpetrado por un anarquista, alcanzaría nivel de mito gracias a la imagen que de ella formó el cine y la literatura. Bien, en Hofburg pudimos desmitificar el mito, pues el Museo Sissi, que incluye un paseo también por los Apartamentos Imperiales, cuenta a través de su audioguía la verdad sobre ella, incluyendo párrafos de su propio diario personal. Hay dos conclusiones a las que uno llega escuchando la audioguía: la primera, que no sólo su muerte fue trágica, si no que su vida estuvo llena de tragedia; la segunda, que su primo y esposo sentía un profundo amor por ella y le aguantó absolutamente todo. Por otro lado, también aprendí sobre el esfuerzo que este hacía por ser un buen gobernante. Como ejemplo de ello, el hecho de que diariamente recibía por la mañana a alrededor de 100 ciudadanos, de todo origen y posición social, que solicitaban audiencia para plantearle algún asunto. Realmente, el Emperador Francisco José comprendía cabalmente lo que significa ser un funcionario público y su historia es digna de leerse. En conclusión, la visita a Hofburg fue muy entretenida e informativa. El segundo día, o sea ayer, me largué sola a visitar los otros lugares que tenía en mi lista. Pasé primero por el Museo del Globo Terráqueo, una visita de no más de 10 minutos donde vi muchas cosas, como por ejemplo, globos terráqueos, y también más globos terráqueos, y además, también vi aun más globos terráqueos. Captaron la idea, supongo :-D Leí un cartel informativo que contaba sobre el procedimiento para hacer un globo terráqueo y llegué a la conclusión que yo no podría hacerlo, porque pegar el mapa en la estructura de globo requiere MUCHISIMA precisión. La verdad todo un arte ese de hacer globos terráqueos. Mi segunda parada fue la Biblioteca Nacional, construida por el Habsburgo gobernante en el siglo XVIII, y que contiene más de doscientos mil libros impresos entre el 1500 y el 1800. Es un lugar muy agradable, decorado con gusto, con estatuas, frescos en los techos y pinturas en sus paredes y con sus estanterías de madera, llenas de libros. Pero la primera impresión que se recibe al entrar tiene que ver con el sentido del olfato: huele a libros viejos, literalmente. ¿Vieron como huele un montón de libros en una caja o en una biblioteca que hace tiempo no se tocan? Bueno, igual. Luego, caminé un montón de cuadras para llegar a la mejor visita del día: el Museo del Reloj. No vestiré mi casa con cortinas, pero seguro que, de tener los medios económicos, la decoraría con muchos de los relojes que vi en ese lugar. ¡Bellísimos! No saqué foto de todo lo que había expuesto, pero estuve cerca. Una hora después, volví sobre mis pasos para hacer una visita guiada por la Ópera de Viena, sólo para encontrarme con la mala noticia de que, hasta el 3/9 inclusive, esta se encontraba cerrada. Finalmente, caminé otro montón de cuadras hacia el StadPark, un parque con estatuas dedicada a grandes compositores y conductores de orquesta. Porque verán, si Florencia es la cuna del Renacimiento, Viena es la cuna de la música clásica. Mozart, Beethoven, Schubert y Strauss, nombres que seguramente conocen, tuvieron en Viena una de las mejores vidrieras para dar a conocer sus composiciones. De hecho, era muy común caminar por Viena y escuchar aquí y allá la música de estos grandes compositores. Ahora, el parque en si no era gran cosa, y menos en un día gris y lluvioso como el de ayer, así que lo único que hice, además de dar muchas vueltas para encontrar lo que estaba buscando, fue sacarle una foto a la estatua dorada en honor a Strauss que allí se encuentra. Porque la verdad, sus valses son una delicia al oído. Y todo esto sumó aproximadamente 6 horas de caminata por lo que me dio pereza volver al hostal caminando y me aventuré a experimentar con el metro. Experimento que, afortunadamente, salió bien. Me quedó en el debe ir al Prater, el parque de atracciones más antiguo del mundo, pero será la próxima vez. Viena tiene varias oficinas de Naciones Unidas, y como saben, yo aspiro trabajar algún día en Naciones Unidas, por lo que no sería raro que más tarde o más temprano me saque las ganas de ver el Prater. Y con este resumen sobre Viena me voy despidiendo. Hasta la próxima bitácora!

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