sábado, 8 de setiembre de 2012

BERLIN PUNTO DE INFLEXION Y REFLEXION

Bitácora de viaje – Tren de Berlín a Amsterdam, 8/9/12, 11 AM (5 AM en Uruguay) Buenas madrugadas a todos…Se preguntarán que habrá sido de mi vida en estos cuatro días y por qué no he enviado ninguna señal de vida…La respuesta es sencilla: estuve visitando la parte más seria, y que mayor reflexión produce en cualquiera, de mi viaje. Estuve en Berlín. Pero antes de contarles sobre Berlín, me queda pendiente el último día en Praga y mi lectura general sobre dicha ciudad. En mi útimo email les conté que habíamos llegado tarde al tour gratuito de Sandeman y, como la experiencia en Madrid con esta empresa había sido tan buena, no estaba dispuesta a perdérmelo, por lo que el último día en Praga dediqué mi mañana a llegar temprano al punto de encuentro para poder participar de él. Y si bien la ciudad me había gustado con lo que había visto en los dos días previos, no fue hasta que escuché la historia detrás de la ciudad que me enamoré de ella. Porque la historia de los checos se puede definir con dos palabras: dominación extranjera; y sin embargo, a pesar de ello, y ahí se encuentra el gran valor de esta gente, han logrado mantenerse como nación, evitando la extinción total de su idioma, cultura y tradiciones, inclusive cuando los esfuerzos para ello fueron intensos hasta el punto de la implantación del alemán, por parte de los Habsburgo desde Viena, en todos los aspectos de la sociedad (educación, comercio, religión). Sin duda, el tour fue lo mejor de este último día en Praga. Por la tarde, visitamos el Barrio Judío, con su antiguo cementerio. Todos los que fuimos quedamos bastante desencantados con lo que había para ver, destacándose únicamente el propio cementerio cuya característica principal es el caos de lápidas apiñadas unas a las otras. Y les cuento por qué esto es así: mucho antes de la Segunda Guerra Mundial y de la invasión de Praga por parte de Hitler, la zona conocida como Barrio Judío ya se había convertido en ghetto. Esto sucedió allá por el siglo XVIII cuando Praga formaba parte del Imperio Austríaco. Como se imaginarán, en ese lugar, convivieron miles y miles de judíos. Ni siquiera les permitían salir de allí a hacer sus compras, si no que se disponía que un mercado semanal entrara en el barrio para proveerles de alimentos y otros productos básicos. Bueno, en este contexto, el terreno que se les había asignado para ser usado como cementerio pronto les quedó chico y, al negársele la autorización para extenderlo, tuvieron que improvisar. La tradición judía indica que los cuerpos deben ser enterrados en la tierra para nunca más ser desenterrados, hasta que el Mesías vaya tumba por tumba y se efectúe la resurrección. Y entonces lo que hicieron fue traer tierra y empezar a formar con ella varios niveles, a medida que los muertos eran enterrados. Ahora, levantar un nivel más de tierra, implicaba sacar las lápidas que existían en el nivel previo y colocarlas en el nuevo nivel, lo cual explica la cantidad de lápidas existentes y su caótica disposición. Y ahora, algunos aspectos generales de mi estadía en Praga. Una cosa que me sorprendió, y mucho, fue la cantidad de músicos callejeros que, a cualquier hora del día, podían encontrarse aquí y allí. Pero lo que me sorprendió aún más fue la variedad de estilos musicales que se escuchaban. Mi favorito fue un cuarteto que tocaba esa música tan pegadiza de los Estados Unidos de la década de los 20, el charleston creo yo que se llamaba. Respecto al hostal: sin duda ha sido el mejor que nos ha tocado, con amplias habitaciones, un lindo baño, muchos enchufes (en el resto de los hostales no tenías más de dos por habitación e imagínense que para cuatro chicas con celulares, pilas y baterías de cámaras fotográficas , y computadoras, se complicaba bastante turnarse para usarlos), un gran ventanal, una excelente atención en recepción…En fin, lo dicho, lo mejor que nos ha tocado. ..Y ya que estamos, porque no se los conté en el email correspondiente, lo peor ha sido el hostel en Venecia, cuyas habitaciones eran más bien barracas militares, los baños estaban afuera de ella y, ADEMAS, nos teníamos que duchar con agua fría. Y ahora si, hablemos de Berlín…Esta ciudad se puede dividir en tres periodos de historia bien definidos: la época imperial, que se inicia cuando Prusia gana la guerra franco-prusiana y en la propia Versailles, en Francia, se firma la conformación de un nuevo imperio, el alemán, de la que, además de Prusia, formarán parte varios principados y territorios alemanes, en lo que se conoce como la unificación alemana; la época nazi, que se va conformando a partir de la República de Weimar, a fines de la Primera Guerra Mundial y se extiende hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial; y la época del Muro de Berlín, gran símbolo de la Guerra Fría que habría de extenderse unas cuatro décadas. A mi me encanta la historia, ya se habrán dado cuenta de ello, pero la del Siglo XX es sobre la que más he leído y visto. Y Berlín resulta ser el centro neurálgico de la historia del siglo XX, así que no debería extrañarles si les digo que me quedé MUY CORTA con los tres días que estuvimos y que, en un futuro viaje a Europa, pretendo dedicarle otra visita, de más días, claro. Pero sí pude hacer el tour gratuito de Sandeman, que me llevó a descubrir los lugares donde muchos acontecimientos de estos tres periodos bien definidos tuvieron lugar. Entre otros, visitamos la Plaza de la Tolerancia, llamada así porque en la época del Imperio, cuando el resto de Europa se volvía más y más intolerante, el Káiser decidió ir contracorriente y permitió que aquellos que eran perseguidos en sus países (calvinistas, hugonotes, luteranos) encontraran lugar en su imperio (eso si, preselección mediante se trajo a los mejores y por eso se le conocía con el sobrenombre de “el gran elector”), y como símbolo de esa apertura les construyó en dicha plaza sus respectivos lugares de congregación. También pasamos por la Plaza de la Intolerancia, conocida así por ser el lugar, frente a la Biblioteca Nacional, donde durante la época nazi, se hizo la gran quema de libros por parte de las juventudes hitlerianas. Estuvimos por encima de donde se encuentra el búnker de Hitler, lugar donde finalmente se suicidó; pasamos por el inmenso edificio donde tuvo sus oficinas la Luftwaffe, el impresionante aparato administrativo de las fuerzas aéreas alemanas, que cambió para siempre la forma de hacer la guerra; estuvimos por el Checkpoint Charlie, el más famoso de los puntos militares que marcaba la línea divisoria entre Berlín Occidental y Berlín Oriental; por la Puerta de Brandenburgo, el símbolo de la ciudad, que se libró de ser destruida a pesar de que los bombardeos aliados arrasaron con el 85/95 por ciento de Berlín a finales de la Segunda Guerra Mundial; por uno de los lugares en el que se mantiene en pie lo que fue el Muro de Berlín; por el Reichstag o Parlamento Alemán; por el Memorial a las víctimas judías de toda Europa (conocida como el Memorial al Holocausto); y todo ello acompañado por una excelente narración de la historia y por un entretenido relato de historias y anécdotas. Pero aparte del tour gratuito, por mi propia cuenta visité el Monumento a la Victoria, una impresionante estatua dorada de un ángel, que aparece en la película “Tan lejos, tan cerca” (Far Away, So Close) de Wim Wenders y que, originalmente, fue hecha para celebrar la victoria de Prusia sobre Francia y la formación del primer Imperio Alemán. También fui al Museo del Checkpoint Charlie, donde se puede ver imágenes y leer historias muy interesantes sobre los variados métodos e intentos de escape de parte de los berlineses orientales hacía Berlín Occidental, a partir del momento en el que, de la noche a la mañana, literalmente, los soviéticos construyen la primer generación del muro que separaría Alemania por 28 años. El ansia de libertad, y el ingenio para desarrollar la forma de lograrlo, realmente impresiona. También impresiona ponerse en el lugar de los berlineses orientales e imaginarse 28 años de separación de sus muchos seres queridos, que quedaron del otro lado del muro. En algunos casos, quedaron separados esposos de esposas y madres o padres de hijos. Lo otro que impresiona es entrar al Centro de Información sobre el Holocausto, que se encuentra en el subsuelo del terreno en donde fue construido el Memorial a las victimas judías de toda Europa (Memorial del Holocausto). Allí, leyendo los carteles informativos o mediante una audioguia, se aprende sobre la historia del periodo nazi relativo a la persecución de las minorías (en esta categoría no sólo están los judíos, si no que también fueron perseguidos los gitanos, los discapacitados, los homosexuales, los Testigos de Jehová, entre otros); se observan extractos de cartas, notas y diarios personales escritos por judíos encerrados en ghettos, campos de concentración, y aún en campos de exterminio (más de una vez se me hizo un nudo en la garganta); se analiza el terrible efecto sobre las familias que produjo todo este periodo. Pero, sin dudarlo, lo más importante que hice en estos tres días fue la visita guiada al campo de concentración de Sachsenhausen, cercano a Berlín, que fue construido como modelo para el resto de los campos de concentración, que posteriormente fueron establecidos a medida que los tentáculos del tercer Reich se extendían por Europa Central. No voy a entrar en detalles de todo lo que se me explicó allí, pero permítanme si dejarles claro que caminar por allí, tomando conciencia que por ese mismo lugar, 70 años antes, pasaron los horrores que pasaron, es absolutamente sobrecogedor. Fue inevitable, durante las tres horas que estuvimos ahí, que a mi mente pensara en la siguiente escritura: “He allí a éstos, tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y les di su conocimiento el día en que los creé; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío; y a tus hermanos he dicho, y también he dado mandamiento, que se amen el uno al otro, y que me prefieran a mí, su Padre, mas he aquí, no tienen afecto y aborrecen su propia sangre…” En Uruguay han pasado 25 años y aun discutimos por el tema Ley de Caducidad. Es una herida que aun no ha cicatrizado. Alemania lleva 70 años con una enorme herida abierta, la de ser el corazón de la mayor catástrofe del siglo XX. Según nos contaron, recién en la última década, particularmente a partir de la reunificación en 1993, se comenzó a hacer un esfuerzo desde la educación de los niños y adolescentes y un revisionismo histórico profundo que cumpla con el objetivo de no ser un pueblo que, olvidando su pasado, se condena a si mismo a repetirlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

IMPRSIONANTE QUERIDA HERMANA, ES VERDAD CUANTO NOS HACE REFLEXIONAR TODO LO OCURRIDO Y EN ESPECIAL ESA ESCRITURA QUE CITAS Y ENCAJA CORRECTAMENTE A LO QUE RELATAS.
QUE SIGAS DISFRUTANDO, UN GRAN ABRAZO Y MUCHOS BESOS DESDE URUGUAY.
VIRGINIA