viernes, 17 de agosto de 2012

El misterio del hostal desaparecido

Bitácora de viaje – Madrid, 16/8/12, 8:18 AM (3:18 AM en Uruguay) Hace casi dos horas que llegamos al aeropuerto de Barajas. El aterrizaje fue un poco brusco, pero salvo por ello, el viaje fue bien tranquilo, y si bien hubo turbulencias, no las sentimos. Las azafatas eran muy amables y era interesante escucharle su marcado acento español, marcando la “z” y diciendo a cada momento “vale, vale”. La comida merece su capítulo aparte. Para el almuerzo se podía optar entre carne y pasta. Yo, como buena descendiente de italiana, opté por la pasta. Pero no me pregunten que comí, porque no eran ni tallarines, ni ravioles, ni lasagna, ni nada que se le parezca. La pasta no estuvo ni fu ni fa, pero el postre que le acompañaba, un trocito de pastel, estaba simplemente delicioso. En la noche, tuvimos una cena bien recatada: un delicioso sandwiche acompañado de jugo de naranja (que evidentemente no daba para nada, ¡pero que rico estaba ese sandwiche!). Y finalmente alrededor de las 2 de la mañana uruguaya nos dieron el desayuno, que consistió en una medialuna; una ensalada de fruta de tres trocitos de manzana y dos de naranja (si, así de abundante); y una minitortuga rellena de crema que estaba realmente deliciosa, todo acompañado de jugo de naranja. Y ahora, estamos esperando con el grupo a que encuentren el hostal donde se supone que debemos alojarnos (como dice Murphy: si algo puede fallar, fallará) y luego a salir y recorrer. La única contra es que en el avión sólo pude dormir una hora, pero evidentemente tendré que evitar acostarme hasta entrada la noche, así aprovecho el día y me adapto al cambio de hora.

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