viernes, 31 de agosto de 2012

FLORENCIA: CUNA DEL RENACIMIENTO

Bitacora de viaje – Tren desde Florencia a Venecia, 29/8/12,10:40 AM (5:40 AM en Uruguay) Lo primero que hice al llegar a Florencia antes de ayer fue buscar un técnico que pudiera arreglar la netbook. Encontramos uno bien cerca del hotel, Abdullah de nombre, proveniente de Bangladesh, quien, a pesar de todo el esfuerzo que hizo en conseguir el repuesto de la pantalla (que es lo que esta roto) no encontró uno que fuera compatible. Esto traducido y significa que sigo sin computadora y les estoy escribiendo desde la notebook de Florencia, la compañera de viaje con la que he realizado la mayoría de los recorridos en las diferentes ciudades. Pero dejando lo técnico de lado, tengo que ponerme al dia con el ultimo dia en Roma y estos dos días en Florencia y eso pretendo hacer en las dos horas de viaje que nos queda por delante. ROMA El domingo por la mañana escuché lecciones, oraciones, discursos y hasta canté en italiano. ¿Adivinan a donde fui? Si, es correcto: a la capilla. El sábado estuve tratando de averiguar como llegar a ella en los tres mapas que tenia de Roma (por lo general, usamos varios mapas porque entre ellos se complementan) pero me tope con un problema: los mapas abarcaban sólo desde donde estábamos hasta la parta del Vaticano, y yo tenía que ir al lado opuesto. Asi que finalmente el mismo domingo, entré a internet y mediante Google Maps (vaya poderosa herramienta) ubiqué todas las calles por las que debía ir. Pero la capilla quedaba bastante lejos, así que me tomé un bus que me acercara un poco y luego continué caminando, por unas cuantas cuadras, hasta pasarme del lugar. Pero unas cuadras después pregunté a un padre y su hijo y me orientaron perfectamente. Fue muy agradable llegar y disfrutar dos horas y media (llegué al final de la Soc Soc) siendo “conciudadana de los santos”. Por la tarde fuimos a las últimas ruinas que habíamos planificado visitar estando en Roma. Primero estuvimos por el Mercado Trajano, lugar en el cual, durante la época romana, se desarrollaba el equivalente a un shopping de hoy. El lugar era grande, y alquilamos una audioguía para que nos contara su historia, pero lamentablemente no fue lo que esperábamos pues no había una señalización clara sobre la dirección que debíamos tomar para cada una de las pistas de la audioguía y por lo tanto, a mitad de camino, estábamos re perdidas y no sabíamos de que sitios, dentro del Mercado Trajano, nos estaba hablando. Luego, nos fuimos al Area Sacra, otro conjunto de ruinas en el que se pueden ver vestigios de cuatro templos, que no han sabido identificar a quien pertenecían. Pero en ese lugar, lo que más llama la atención es la inmensa cantidad de gatos que caminan entre las ruinas y las utilizan como refugio. Algunas apreciaciones y anécdotas sobre Roma: es una ciudad bastante grande y me alegro de haber comprado la Roma Pass, porque me tomé más de 10 buses en los cuatro días que estuvimos. Respecto a los buses: el primer día que los tomamos, nos percatamos que muchas personas subían pero sólo una o dos pasaban una tarjeta por el lector que había en el bus. Y el conductor no cobra boletos, porque además se encuentra protegido por una mampara que lo aísla del resto del bus. ¿Y entonces?, nos dijimos. ¿Será que nadie o casi nadie paga el boleto? ¿Será que viajan de colados?...Y averiguamos: si, mucha gente suele viajar gratis, pero siempre corrés con el riesgo de que se suba un inspector y si te encuentra sin boleto te ponga una multa, que tenés que pagar en el momento, de un mínimo de 50 euros. Claro que, en todos los buses que subimos NUNCA subió un inspector. Y quédense con este dato en la cabeza que luego tengo una anécdota al respecto acaecida en Florencia. En frente del hostal, había un bar en el que desayunábamos, pero que también, en general, almorzábamos y cenamos. No saben las lassagnas que me comí en ese lugar. ¡DELICIOSAS! También, quiero contarles que para comunicarnos con los italianos, usamos los tres idiomas: español, inglés y chapuceo de italiano (si, es una lengua no oficial acá en Italia :-D). Aprendimos que si uno quiere bajarse del bus, y créanme, siempre hay mucha gente bloqueando la puerta, no tiene que decir ni permiso ni con permiso…Un “SCUSA“, alto y claro, abre un surco como si de las aguas del Mar Rojo se tratase. Y antes de terminar con el capítulo de Roma, les cuento que recibí una llamada de Julia Roberts. Resulta que se copó tanto leyendo mis aventuras en Europa en el blog que quería iba a pensar. :-P :-P :-P :-P FLORENCIA ¡Habrase visto veredas más estrechas! Esa fue mi primera impresión de esta ciudad. Y es que las que vimos apenas permitían el paso conjunto de dos personas, y eso cuando no se estrechaban aún más y había que ir en fila india. La segunda impresión fue: es una ciudad bien pequeña, sobre todo cuando se compara con Roma, y tan fácil de ubicarse que ya en el primer día dejé de usar el mapa. Claro está que tampoco me moví mucho por fuera del circuito turístico que se encuentra en un radio de aproximadamente 20 cuadras. Decir Florencia es decir Familia Médici, y decir Médici es decir mecenazgos al arte y la ciencia. Y sin duda, esta ciudad no deja de recordarnos que aquí estuvo el motor del Renacimiento. Galileo, Da Vinci, Bocaccio, Dante Alighieri, Miguel Angel, ¿les suenan estos nombres? Bueno, todos tienen una historia para contar en Florencia. El primer día, por la tarde, ya que llegamos al hotel alrededor de la 1 PM (el único hotel de nuestro itinerario, el resto son hostales) me fui solita al Museo Galileo Galilei, un lugar lleno de instrumentos científicos: para observar las estrellas; para realizar mediciones; para la navegación; para usarlo en la medicina (vi maquetas hechas en el siglo XVI sobre el uso de los fórceps) y un gran etcétera. Lamentablemente, no estaba habilitado el servicio de audioguía, lo que hubiera dado entendimiento a mi casi completa ignorancia sobre muchos de los instrumentos que ante mis ojos se desplegaban. Luego, estaba tan cerquita que hice mi primer parada en el Ponte Vecchio (habría otra nocturna más tarde y un par más al día siguiente). Es la clásica visita de Florencia, el puente más antiguo de toda Europa, construido en 1345 y que, junto con el Arno y los puentes contiguos hacen una vista espectacular de la que saqué varias fotos. Y cuando volvía al hotel, con ganas de tomar un mate dulce (que por cierto no tomo desde Madrid) me encontré de casualidad con el resto del grupete (Florencia, Ana y Patricio) a los que me acoplé para visitar el Palacio Vecchio, lugar donde los Médici se instalaron a fin de gobernar la Toscana. Alquilamos la videoguía, la cual nos llevó por los salones en cuyas paredes y techos se encuentran pinturas, pinturas y más pinturas, explicándonos detalles de estas que, evidentemente, de no tenerla nos hubiéramos perdido. Las pinturas tienen motivos religiosos, mitológicos y también de la actualidad de la época en que fueron pintadas. Pero lo que más me asombró de todo el conjunto, hecho a solicitud de Cosimo I, cabeza de los Médici que vinieron a instalarse en Florencia, es que todas ellas, en el fondo, pretendía este hombre que fuera una metáfora de sus propias proezas. Si, egocéntrico el hombre, pero MUY capaz…Y su mujer TAMBIÉN. El segundo día, es decir ayer, salí junto con Florencia cruzando el Ponte Vecchio hacia los Jardines de Boboli, jardines del llamado Palacio Pitti, que también fue residencia de los Médici (De hecho estuvo conectada físicamente con el Palacio Vecchio, y ¡quedan a unas cuantas cuadras uno del otro!). No saben como nos cansamos….Pero es que empezamos al revés: queríamos ver los jardines, pero la entrada tenía incluída también el Palacio Pitti, cosa que no sabíamos, y al comenzar a recorrer los jardines y dirigirnos al palacio tuvimos que subir, subir y subir, y era bastante empinada la subidita. En un momento vimos a una veterana, bastante veterana, terminado la empinadita subidita y le escuchamos la agitada respiración. ¡Pobre vieja! Es tan grande el lugar que no necesitás pagar un gimnasio: con bajar y luego subir nuevamente esta completa la cuota de ejercicio del día. Dentro del Palacio Pitti vimos varias exposiciones: una de vestimenta (la mayoría vestidos) del siglo XVI en adelante, algunos realmente muy bonitos; otra, que me re sorprendió, sobre los indios americanos (vimos uno de esos gorros que en las películas suele llevar el cacique para la guerra) que estaba finamente hecho, una belleza, lástima que no podíamos sacar fotos; otra de porcelana china (que por cierto me recuerda algo que aprendí en Madrid: ¿saben que los chinos mantuvieron en forma exclusiva por siglos la hechura de la porcelana porque nadie conocía la formula para hacerla? Eso hasta que algunos poderosos reyes incentivaron a los químicos de su reino a encontrar la fórmula, y cuando esto sucedió, los chinos perdieron la exclusividad, aunque no la fama de excelentes artesanos); otro de joyas, había una de esmeraldas simplemente ¡IMPRESIONANTE! Luego del Palacio Pitti, nuestro siguiente destino era la Piazzale MichelAngelo, un mirador de la ciudad que obviamente está a cierta altura. Decidimos tomarnos un bus para no cansarnos con la subida. Le preguntamos a un señor donde el boleto nos indicó que dentro del mismo bus. Y aquí comienza la anécdota: subimos y no encontramos ninguna máquina para comprar boletos, sólo la máquina lectora de tarjetas que habíamos visto en Roma. Para colmo, vimos un cartel que decía que si un inspector descubría a alguien viajando sin boleto, pondría una multa de 260 euros…¿Se imaginan como nos pusimos de nerviosas? Nos abalanzamos al conductor y nos dijo que los boletos los tenemos que comprar en una Tabaquería (lo que sería un kiosco en Uruguay) pero que no nos complicáramos porque ya estaba finalizando el recorrido. Claro que para eso faltaban como cuatro paradas y nos volvimos a sentar aun temerosas de que subiera un inspector. Yo iba pensando: mientras en Roma, que con la Roma Pass teníamos transporte cubierto, no subió un solo inspector en los más de diez buses que anduvimos, mirá si acá se le ocurre subir a alguno. Pero finalmente, nada pasó, y viajamos nomás de colada en el bus. Y desde el mirador de la Piazzale Michelangelo sacamos alguna que otra panorámica de la ciudad. Finalmente, la última actividad cultural del día consistió en disfrutar de la Galeria Uffizzi, un lugar donde vi estatuas griegas y romanas, dibujos, estampas y unas cuantas pinturas, si no famosas, por lo menos de autores famosos como ser Botticelli, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano. Fue una visita agradable, aunque haciendo una evaluación de esos días en Florencia llegamos a la conclusión que el precio de la entrada suele ser excesivo respecto a lo que termina finalmente ofreciendo. Y con la bitácora al día, ¡me despido!

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