Hace unos meses atrás se anunció el fin del mundo, con una fecha específica, muy cercana en el tiempo, a través de una gran campaña publicitaria pública. El asunto terminó siendo nada más que publicidad engañosa, pero para muchos resultó ser un llamado de atención.
El día anterior a la fecha anunciada, una jovencita me preguntó si era verdad que al día siguiente sería el fin del mundo. Mi respuesta fue la de siempre: más que si el fin del mundo es mañana, pasado, o dentro de 10 años, lo que me preocupa es estar preparada cuando eso suceda para presentarme ante mi Creador y decirle que he hecho de mi vida lo mejor que he podido, de acuerdo a las cosas que se me han enseñado.
Pero lo cierto es que el fin del mundo, para la gran mayoría de nosotros, no será el acontecimiento mundial catástrófico que todos creen. De hecho, para la gran mayoría de nosotros el fin del mundo será en fechas, horas y circunstancias diferentes, y usualmente se le conoce por otro nombre: “muerte”.
Y como nuestro Padre Celestial es muy sabio, no nos ha indicado ni la fecha, ni la hora, ni las circunstancias, lo cual debería ser una lógica motivación para estar siempre preparados.
Cuando era una jovencita, la siguiente historia era parte de una lección de Escuela Dominical:
En un cementerio hay una pequeña lápida blanca sobre la tumba de una niña. En la lápida aparece la siguiente inscripción: “Era una criatura de quien sus amiguitos decían: es más fácil hacer lo bueno cuando se está con ella”.
En estos últimos tiempos me han dicho cosas tales como “me encantaría saber tanto de las Escrituras como vos”, o “me gustaría poder explicar las cosas del Evangelio en forma tan clara como vos”, o “cuando tengo que tomar una decisión, pienso en que harías vos”. No puedo negar que es agradable recibir esas “palmaditas en el hombro”, pero lo cierto es que más y más últimamente, al escucharlas me viene a la mente Juan el Bautista y me uno a sus palabras cuando dijo: “…el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo…” (Mateo 3:1)
Soy quien soy porque sigo al Maestro. Su conocimiento de las Escrituras era perfecto, su manera de explicar el evangelio era perfecto, su ejemplo era perfecto.
Si mi fin del mundo llegará mañana, pasado o dentro de 10 años, me gustaría que mi lápida dijera: “Era más fácil seguir a Cristo cuando se estaba con ella”.

1 comentarios:
Que lindo fue leer esto, y me hizo pensar a mi tambien en si estoy o no preparada para "mi" fin del mundo.
Sin dudas lo que se deja en la vida, son las buenas obras que uno hizo, nada mas ni nada menos.
Gracias Gaby!
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