Estaba leyendo ayer la historia del asesinato de Abraham Lincoln. Al parecer, no fue obra de un simple hombre loco, como por mucho tiempo se creyó, sino toda una conspiración cuyas ramificaciones alcanzarían a un miembro del gabinete del presidente de los Estados Unidos.
No sé por qué pero dicha lectura me hizo recordar a cuando leí JFK. ¿Por qué será? Quizás porque, ¡que gran coincidencia!, los vicepresidentes de ambos magnicidios se apellidaban igual: Johnson. No, seguro que es más que eso.
El asunto es que si esa historia es cierta, ¡que triste evidencia de la existencia de las combinaciones secretas!
En mi fuero interior, yo creo que tanto el asesinato de Lincoln como el de Kennedy fueron obra de conspiradores. Y sonrío al recordar la película “Armagedon”, cuando una de las condiciones que ponen para ir al espacio es que le digan quien mató realmente a JFK.

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