El sábado pasado una rápida serie de pensamientos vinieron a mi mente a
partir de un recordatorio que había puesto en el calendario del
celular, indicándome que ese fin de semana correspondía ayunar.
El primer pensamiento fue que al día siguiente tendríamos la reunión de testimonios.
El segundo pensamiento fue que, por ser el último del año, todos iban a querer compartir el suyo.
El
tercer pensamiento fue que cada vez que se acerca el comienzo de un
nuevo año, solemos meditar respecto a los acontecimientos del año que se
va y establecemos las tradicionales resoluciones para llevar a cabo en
el año que comienza.
El cuarto pensamiento, el que vino acompañado de
la calidez típica que viene al sentir el Espíritu Santo, es que para
nosotros, los miembros de la Iglesia, cada semana es año nuevo, porque
cuando participamos de la Santa Cena tenemos la posibilidad de evaluar
los acontecimientos de la semana que pasó y establecer resoluciones para la
semana que comienza.
¡Cuán agradecida me siento por poder comenzar nuevamente cada domingo gracias a Jesucristo y su Expiación!

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