viernes, 17 de agosto de 2012

A 9000 metros de altura

Bitácora de viaje – Volando a más de 9000 mts de altura – 15/8/12 2:45 PM Hace unos 40 minutos aproximadamente que despegamos y, según informa la pantalla del avión, estamos sobrevolando Brasil. El día empezó bien tempranito, levantándome a la par de mis sobrinos que tenían que ir a la escuela. Facundo, de 6 años, en un momento me preguntó: “¿Y si el avión se cae?” Y su hermana, Mariana, de 8 años, no me dio tiempo a contestar nada porque enseguida le replicó: “No importa porque tienen paracaídas”. Y el asunto se dio por concluido…Sin embargo, ahora que estoy volando y luego de escuchar toda la información sobre aspectos de seguridad en casos de emergencia, resulta que NO hay paracaídas…Sólo chalecos salvavidas y mascarillas de oxígeno. Pero si han recibido este mensaje significa que no hubo necesidad de usar nada de eso. No hubo, ¿no? A las 10:25 am estaba ya en el aeropuerto gracias al servicio de limusina de la empresa “Camila Francia e hijo” (Agustín, que ni se hizo sentir durante el trayecto acomodado en su sillita de bebé). La desventaja de estar tan temprano es que son más horas de espera, la ventaja es que no te comés semejante cola para hacer el check-in…Y créanme, teniendo en cuenta que detesto los tiempos muertos, vale la pena correr con la desventaja a fin de disfrutar de la ventaja. A las 12, considerando que apenas había tomado unos locos mates dulces en casa, me empezó a picar el hambre mal. Pero tenia el siguiente dilema: se suponía que el avión despegaba a la 1:30 pm y que nos darían el almuerzo y no sabía si comer algo previo a abordar o aguantarme hasta el almuerzo del avión…Pero, afortunadamente, seguí mis instintos y bajé al McDonald a disfrutar de un combo…¡y menos mal! Porque, ¿saben qué? Son las 3 de la tarde, ¡y aún no nos han dado el almuerzo! Y como se imaginarán, me está picando el hambre de nuevo. Me dijeron que nos esperan casi doce horas de vuelo hasta el aeropuerto de Barajas en Madrid. Anoche traté de seguir el excelente consejo de no dormir nada para estar agotada durante el viaje y dormirme todo, pero no pudo ser ya que, por mucho que intenté, a las 2 am mis párpados se negaron a permanecer abiertos. Varios de ustedes se preguntarán como surgió todo esto del viaje, así que aquí les hago un brevísimo resumen. El año pasado, durante el mes de abril, asistí de rebote a una charla organizada por el Centro de Estudiantes de Relaciones Internacionales sobre el viaje de egresados de la carrera. Y salí de ahí entusiasmadísima (¿como no entusiasmarse cuando se habla de Europa?), pero sabiendo que un viaje de esa naturaleza sólo sería posible si se me renovaba el contrato de la pasantía que estaba haciendo en el BPS. Así que mientras eso no estuvo definido, simplemente manejé el viaje como una posibilidad latente. Pero cuando me confirmaron la renovación del contrato, inmediatamente me establecí un plan para juntar el dinero que me permite hoy esta gran aventura. Y por eso, me siento obligada a reconocer a cuatro personas o grupo de personas que han hecho este sueño una realidad: A) A la gente del BPS: mis compañeros de oficina, y especialmente Silvia, que no sólo elevó una buena evaluación de mi desempeño si no que se aseguró de dejar en claro que valía la pena renovarme un año más de contrato. También a todos los que me compraron rifas. Tengo mucho tiempo en el avión como para dedicarme a hacer unas estadísticas, así que les cuento que ustedes, junto a algunos miembros de mi familia, han contribuido a financiar el 33 % del paquete del viaje. G-R-A-C-I-A-S!!! B) A mi madre: porque de nada hubiera servido el buen sueldo del BPS si no fuera porque no tuve que hacerme cargo ni de pagar un alquiler ni de las clásicas cuentas de una casa. Además, la comida diaria que me hacía, cosa que me consta que le cuesta, también me ayudó a ahorrar. ¡Gracias, madre! C) A mi media naranja: esa de la que aún no sé el nombre, ni la edad ni la nacionalidad, pero que eventualmente llegará tarde o temprano…Porque de haber llegado en algún momento de estos 30 años, probablemente hubiera llevado mi vida por otros derroteros, tan satisfactorios como el de este viaje, claro. :-D D) A la gente que contribuyó de otras maneras, que también supusieron financiación, pero en forma indirecta: a Lucía por acompañarme y aconsejarme sobre los championes ideales para patear toda Europa con comodidad; a Cecilia por manguearle a su madre la maleta nuevita nuevita que estoy llevando; a Efraín por prestarme la super moderna cámara que llevo (espero que no te estés preguntando si no fue un error garrafal el tuyo…¿Alguien conoce a alguien así de generoso que en forma unilateral ofrece prestar una cámara de fotos, con todos los riesgos que eso implica?); a Analía por prestarme su reloj (puede considerarse un detalle pequeño, pero ¿saben que?, tengo que ajustar la hora en las diferentes ciudades que estaré y será más cómodo hacerlo con un reloj que con un celular); y a Camila por traerme al aeropuerto. ¡G-R-A-C-I-A-S! Y con 9 horas de vuelo aun por hacer, me despido por ahora…

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